soñemos el mundo que queremos.
Donde la violencia de género no
existe porque ninguno somos diferente.
Donde no importa tu género, tu raza,
tu color o tu religión para amar y ser amado.
En el mundo
que yo quiero no existen términos como brecha salarial, terrorismo o violación, tampoco contaminación ni corrupción porque no ha
habido la necesidad de su creación.
No habría ricos egoístas y ellos no tendrían
más riqueza que el resto del mundo.
Las ONGs no existen porque no
hay pobreza infantil, ni refugiados y mucho menos gente muriendo de hambre.
No
sabríamos que es la paz porque no hay guerras y la paz es lo que vivimos día a
día sin tener conocimiento de ello.
No habría niño al que le
faltara el calor de su madre, ni faltaría amor en el mundo.
No existe el acoso, ni el miedo,
ni el dolor.
Cáncer solo sería un signo del
zodiaco, el autismo sería un don y el alzhéimer solo existiría después de la muerte.
Un mundo donde el amor es el que
nos controla y no el dinero,
donde la belleza esta en el
interior y no en la cartera o en el exterior.
Donde ahora a los que llamamos locos
son los únicos cuerdos.
Donde un futbolista no cobra más que
un médico o un policía o un bombero,
donde los
colores no tengan género y cada persona pueda decidir que género es el suyo sin
ser señalado por la calle.
Donde ser feliz sea un derecho y todos
tengamos derecho a vestir y ser lo que queramos.
Donde el dinero no valga más
que el esfuerzo y las personas más importantes sean los maestros
y no solo los de profesión y no los políticos.
Donde amar y cuidar la naturaleza sea
casi una obligación moral porque entendemos que sin ella
nosotros no podemos avanzar.
Donde la conciencia pese más que la
cartera.
Y aunque al
abrir los ojos todo desaparezca, no dejaré de luchar para poder ver todo esto
sin la necesidad de soñar.

María Guillén
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